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Mon Laferte: etapas de una obra musical en permanente movimiento

Una mirada a las etapas creativas de Mon Laferte y a la diversidad de lenguajes presentes en su discografía.

Por Equipo Flashbuzzra · 12 de July de 2026 · 7 min de lectura
Cantante chilena durante una presentación en vivo

La trayectoria de Mon Laferte se ha construido a través de cambios de idioma musical, géneros y formas de exposición pública. La cantante, compositora y artista visual chilena, cuyo nombre es Norma Monserrat Bustamante Laferte, comenzó su carrera profesional en la televisión de su país y posteriormente desarrolló en México una obra que combina canción popular, rock, bolero, cumbia, folclore latinoamericano y recursos de la música alternativa.

Su recorrido no responde a una sola fórmula. Cada etapa ha incorporado nuevas referencias y una manera distinta de presentar la intimidad, el desamor, la memoria familiar, la identidad latinoamericana y la experiencia de ser una mujer en la industria musical. Las fechas y los créditos de sus trabajos se consignan de acuerdo con la información disponible en catálogos discográficos y archivos oficiales de premios.

Los primeros años y la formación de una identidad artística

Mon Laferte nació en Viña del Mar el 2 de mayo de 1983. Durante su adolescencia participó en concursos y espacios musicales, y en 2003 integró el programa televisivo chileno Rojo, fama contrafama. Ese mismo año publicó La chica de Rojo, un álbum asociado a sus primeros pasos profesionales y a la exposición que había alcanzado en televisión.

En 2007 se trasladó a México, donde continuó su carrera y amplió sus vínculos con músicos, productores y circuitos independientes. El cambio de país también coincidió con una búsqueda personal y sonora más amplia. Antes de consolidar su reconocimiento internacional, atravesó un periodo marcado por dificultades de salud y por la necesidad de reconstruir su proyecto artístico.

De la experimentación a la proyección internacional

El álbum Tornasol, publicado en 2013, mostró una etapa de transición. En sus canciones convivieron elementos de pop, rock y música latinoamericana, mientras la intérprete se alejaba de una presentación estrictamente ligada a la televisión. La recepción de este trabajo contribuyó a que su nombre circulara con mayor fuerza fuera de Chile.

La consolidación llegó con Mon Laferte (Vol. 1), publicado en 2015. El disco incluyó “Tu falta de querer”, una canción que se transformó en uno de los momentos decisivos de su carrera. Su interpretación vocal, la estructura dramática del tema y una producción cercana al pop-rock ayudaron a convertirlo en una pieza ampliamente reconocida en América Latina.

En esta etapa, Laferte empezó a articular una estética que excedía la grabación de estudio. El vestuario, el maquillaje, las referencias al cine, la cultura popular y la tradición latinoamericana pasaron a formar parte de una propuesta visual coherente con sus canciones. Esa dimensión escénica no sustituyó el trabajo musical, pero sí amplió la manera en que el público podía leer sus presentaciones.

La trenza y el diálogo con la canción latinoamericana

Publicado en 2017, La trenza profundizó el diálogo de la cantante con el bolero, la cumbia, la balada y otras tradiciones de la canción latinoamericana. El álbum incluyó “Amárrame”, grabada junto a Juanes, y “Mi buen amor”, en colaboración con Enrique Bunbury. Ambas participaciones evidenciaron su interés por trabajar con artistas de distintas generaciones y escenas.

La canción “Amárrame” obtuvo el Latin Grammy a Mejor Canción Alternativa en 2017. El reconocimiento confirmó la expansión de una obra que ya no podía clasificarse únicamente como pop o rock. La combinación de ritmos bailables, melodrama y una interpretación frontal se convirtió en uno de los rasgos más visibles de su repertorio de ese periodo.

La mezcla de géneros es una constante en su discografía: no funciona como una etiqueta fija, sino como un recurso para cambiar el tono de cada canción y de cada espectáculo.

Norma: una obra de canciones y personajes

Norma, lanzado en 2018, recibió su nombre de pila y fue presentado como un álbum de concepción narrativa. Sus canciones recorren distintas situaciones afectivas y emplean arreglos vinculados con el bolero, el mambo, la salsa, el danzón y el pop. La producción fue registrada en una sesión de estudio realizada en Los Ángeles, una decisión que contribuyó a reforzar la idea de escuchar el disco como una obra continua.

En este trabajo, la intérprete utilizó cambios de registro vocal y una construcción más teatral de los personajes de cada canción. La crítica y el público han descrito de distintas maneras ese componente dramático; esas valoraciones pertenecen al campo de la interpretación y no deben confundirse con datos sobre la producción o los créditos del álbum.

Colaboraciones y posicionamiento público

Las colaboraciones han ocupado un lugar importante en la carrera de Mon Laferte. Además de sus trabajos con Juanes y Enrique Bunbury, participó junto a Guaynaa en “Plata ta tá”, publicada en 2019. La canción se vinculó con las movilizaciones sociales de Chile de ese año y reflejó la dimensión política que la artista ha incorporado en algunas apariciones públicas.

En 2019, durante la entrega de los Latin Grammy, mostró en su cuerpo un mensaje relacionado con las denuncias de violaciones a los derechos humanos cometidas durante la crisis social chilena. La acción provocó cobertura internacional y abrió un debate sobre la responsabilidad y los límites de la expresión política de las figuras públicas. La cantante también ha utilizado entrevistas y conciertos para referirse a asuntos de género, desigualdad y memoria social.

En 2021 publicó “Que se sepa nuestro amor” junto a Alejandro Fernández. La colaboración recurrió a códigos del mariachi y del bolero, y mostró nuevamente su disposición a trabajar con repertorios asociados a diferentes tradiciones de la música popular en español.

Seis y 1940 Carmen: intimidad, raíz y exploración

En 2021 aparecieron dos proyectos con enfoques diferentes. Seis se apoyó en géneros de raíz mexicana y latinoamericana, con una presencia destacada de la ranchera, el bolero y la canción de autor. El álbum incluyó “Que se sepa nuestro amor” y fue reconocido con el Latin Grammy a Mejor Álbum de Cantautor.

Ese mismo año presentó 1940 Carmen, un disco de carácter más íntimo, con canciones en español e inglés. El título alude al espacio de Los Ángeles donde fue registrado. La obra se diferencia de Seis por su escala más contenida y por una escritura centrada en la experiencia personal, aunque mantiene el interés de la artista por combinar lenguajes musicales.

Autopoiética y la reinvención como método

Autopoiética, publicado en 2023, retomó la idea de transformación como eje creativo. El álbum incorpora pop electrónico, bolero, balada, ritmos bailables y referencias a etapas anteriores de la música popular. En lugar de organizarse alrededor de un solo género, plantea una sucesión de ambientes en los que la voz y la producción cambian de función.

El concepto también se relaciona con la autonomía creativa: la artista revisita recursos que ya forman parte de su identidad, pero los presenta con nuevas texturas y arreglos. En sus videoclips y espectáculos de esta etapa, la iluminación, la coreografía, el vestuario y la composición de la escena refuerzan el carácter visual de las canciones.

Una obra en movimiento

La discografía de Mon Laferte permite observar una trayectoria que va desde la exposición televisiva y la canción pop hasta una propuesta internacional con referencias múltiples. Sus cambios de estilo no han eliminado los elementos que sostienen su identidad: una interpretación emocionalmente exigente, letras centradas en vínculos y conflictos personales, y una relación constante entre música, imagen y escena.

Las colaboraciones, los premios y la circulación de sus álbumes forman parte de esa evolución, pero no la explican por completo. La continuidad está también en el modo de convertir cada etapa en una pregunta artística nueva. Por eso, más que una carrera definida por una fórmula, la de Mon Laferte puede leerse como un proceso de búsqueda permanente dentro de la música popular latinoamericana.